«LA CUESTIÓN NO ES DEJAR UN MUNDO MEJOR PARA NUESTROS HIJOS, SINO MEJORES HIJOS PARA ESTE MUNDO»…


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  • ES ALARMANTE, PERO AL MISMO TIEMPO CADA VEZ MÁS COMÚN: EL ENTERARSE A TRAVÉS DE LOS MEDIOS DE LOS ACTOS DE REBELDÍA, LLENOS DE VIOLENCIA, EN LOS QUE MENORES DE EDAD ACUDEN A CLASES Y DECIDEN INFRINGIR PÁNICO EN LAS ESCUELAS, CON SUS COMPAÑEROS, HIRIENDO A PROPIOS Y A EXTRAÑOS, ARREBATÁNDOLES LA VIDA, INCLUYENDO A SUS MAESTROS, PARA DESPUÉS TERMINAR CON LA PROPIA.

Pareciera una epidemia sacada de una película de terror, pero desafortunadamente se ha convertido en una realidad en muchas partes del mundo.

Lo indignante y vergonzoso son algunos de los argumentos que se escuchan de personas que si bien, tienen derecho a expresar su opinión, en muchas ocasiones carecen de fundamento, pero sobre todo, de empatía. Ahora que en nuestra época la información se distribuye de manera digital, no es raro ver comentarios en la red social Facebook y diversas plataformas digitales,  después de hacerse pública alguna de estas tragedias, que lejos de aportar algo de alivio a la situación, dejan en evidencia el porque estamos como estamos.

Como padres, debemos comprender el hecho de que la educación comienza en casa y actuar conforme a ello. Uno de los principales valores que podemos enseñar a nuestros hijos, desde muy temprana edad, es la apatía: el contar con la capacidad de ponerse en el lugar de alguien más, en especial si está pasando por una situación difícil o grave que comprometa su estado emocional.

Otro valor importante para compartir con nuestros hijos desde corta edad, es el del sentido de la responsabilidad, no solo en sus tareas diarias, sino más bien el afrontar las consecuencias de sus actos, por duro y doloroso que como padres pudiera resultarnos.

Si bien es cierto que tal vez varias de las tragedias, como matanzas en escuelas o centros comerciales pudieron ser evitadas, también lo es el hecho de que buscar culpables o juzgar a los familiares y allegados de los involucrados no sólo no ayuda, sino que además nos previene de abrir los ojos y poner manos a la obra en lo que a prevención se refiere.

Es triste y doloroso enterarse de tales eventos, y en ocasiones cometemos el error de asumir que son casos aislados o que ocurrieron a varias millas de distancia, en otros estados, o países, y que nuestros hijos, sobrinos o nietos se encuentran al margen de la posibilidad de experimentar un evento de esa magnitud en carne propia. En vez de criticar y opinar acerca de como los padres, los maestros o la gente cercana a estos niños pudo haber actuado de manera diferente para prevenir estos sucesos, es hora de que vayamos a nuestras casas y platiquemos con nuestros propios hijos, saber qué tal les fue en su día y si hay algo que les preocupe o les esté afectando.

Con frecuencia cometemos el error de asumir que solo nosotros los adultos tenemos situaciones o problemas en nuestro diario vivir y es ahí donde se encuentra la raíz del problema. Si no nos tomamos el tiempo de averiguar como están nuestros hijos, como se sienten de forma habitual, como reaccionan ante una llamada de atención de algún  maestro o ante un desacuerdo verbal con algún compañero: no estamos desarrollando una de las principales tareas como padres.

Por ende, al no saber qué es lo que le aflige o irrita a nuestros hijos, tampoco les estamos enseñando como identificar ciertas emociones y como lidiar con ellas de una manera pacífica, constructiva y eficaz.

Los valores se siembran en casa, y es nuestro deber como padres recordárnoslo a nosotros mismos, para luego ponerlo en práctica. A la mayoría de los padres nos preocupa el ritmo tan rápido en el que vemos crecer a nuestros hijos y a menudo sentimos que el tiempo no nos alcanza para enseñarles de todo. En ocasiones quisiéramos poder tener una máquina del tiempo para poder  regresarlo o detenerlo con tal de no tener que exponer a nuestros retoños a tales realidades del día a día.

He perdido la cuenta de cuantas veces he escuchado la frase de padres, de diversas etnicidades decir en voz alta: «el día que yo falte, quiero tener la tranquilidad de saber que dejé a mi(s) hijo(s) en un mundo mejor». ¡No, señoras y señores! Es hora de hacer lo que nos corresponde y pensar de una manera inversa y más efectiva, que a la larga nos dé mejores resultados a futuras generaciones.

  • Preguntémonos entonces: ¿Qué estoy haciendo yo, como padre o madre para dejarle a este mundo personas mejores? ¡Y esa tarea, se debe comenzar ya!
  • Raquel Viramontes Saab es asistente legal de las Oficinas de Abogados del Lic. Manuel A. Cárdenas & Asociados y es colaboradora constante y columnista para VOCES Edición Impresa. Además, es la representante de ese Bufete de Abogados en el programa radial VOCES MIGRANTES Radio-TV.